domingo, 28 de octubre de 2007

Vamos, que se enganchan los lentos

Esta descripción exacta de lo que ocurría en los boliches, los asaltos o las matineé la tomé prestada de Alejandro Sanchez (aunque le agregué cosas).
Cuando estábamos bailando con una señorita de nuestra preferencia (movido, por supuesto), sabíamos que, tarde o temprano, quien ponía la música iba a engancharle un lento, y esa sería nuestra esperada oportunidad para tratar de acercarnos un poco más, "obligados" por las circunstancias (los lentos).
Al comenzar la canción, si ella se quedaba, podíamos abrigar alguna esperanza.
Después de este gran paso, se abrían tres posibilidades en donde sus manos y brazos transmitían un mensaje codificado:
1- Antebrazos rígidos sobre nuestro pecho: "no me molesta estar con vos pero todavía falta mucho"
2- Antebrazos relajados sobre nuestro pecho y manos en los hombros (los nuestros): "yo también tengo ganas de estar con vos"
3- Manos alrededor del cuello o en nuestra espalda: "Date cuenta zonzo, quiero ser tu novia"

Era buenísimo si uno conocía al que ponía la música porque podía estar enterado cuando se iba a dar el gran momento del enganche de los lentos y podía ir preparando todo para que no lo sorprendiera lejos de la mujer deseada. O también se daba el caso de algunos lugares donde ya había una complicidad tácita y los habitués del lugar sabían después de qué canción venía el enganche.
Según me contaron, hoy ya no ponen lentos en los boliches, entonces ¿para qué van?
De regalo, para recordar estas situaciones sublimes de nuestra década, te dejo algunos de esos lentos que habrán sido, tal vez, el inicio de más de una relación.